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Santa Lucía, una isla volcánica en el mar Caribe

Hoy nos tocaba visitar la isla caribeña de  Santa Lucía. País independiente desde 1979, que mantiene al monarca del Reino Unido como su soberano y jefe del estado. 
St. Lucía es una preciosa isla volcánica con playas vírgenes, grandes selvas tropicales y es uno de los lugares con más viento del mundo, puesto que los vientos alisios soplan desde el mar hacia la costa meridional. 

Su gente, mayoritariamente de color, tiene el inglés como idioma oficial. 
Llegamos al puerto de Castries, capital de Santa Lucía, y nos dirigimos a una especie de centro de visitantes en el puerto, donde aprovechamos y nos conectamos 5 minutos al wifi para decir a la familia que todo iba bien. Allí reservamos una van en servicio compartido para recorrer la isla y llegar a las famosas montañas Pitons 

Éstas son dos conos volcánicos enormes en la costa suroeste de la isla. Fueron declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO y están representadas en la bandera del país.  

El triángulo más grande de la bandera es la Gros Piton y representa a la raza negra (mayoritaria en la isla), y el triángulo amarillo más chiquito es la Petit Piton y representa a la raza blanca. 
Durante el recorrido, uno de los barrios que más nos gustó fue Canaries, sobre todo porque es uno de los más coloridos y alegres, aunque también influyó su nombre. 

Llegamos a Soufriere, un pueblo cuyo nombre significa “azufre en el aire”. Allí fuimos a la zona del volcán, abarrotada de turistas del crucero. 
El volcán se llama Qualibou, cuyo significado es  “lugar de la muerte” en el idioma de los indios que vivían en estas islas antes de la conquista. Técnicamente no es un volcán, sino los restos de un volcán que colapsó hace miles de años.  
Allí se puede hacer la visita por el volcán o continuar a unos baños de barro volcánico en aguas termales. 
Ya de vuelta a Castries, paramos en la cascada Toraille. Allí aprovechamos y nos dimos un baño para despejarnos del mareo que traíamos de tantas curvas que tiene la carretera de la isla. De la van, solamente nosotros cuatro y una niña nos bañamos. Pasamos 15 minutos en los puestos de la gente local a la entrada de la cascada y continuamos al puerto.

El viaje de vuelta hasta Castries fue interminable.  
Desgraciadamente no pudimos ir a ninguna playa, la lejanía de las Pitons, hizo que perdieramos casi todo el día en la vuelta a la isla. 

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