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Día 10: Problemas con el tren y llegada a Fenghuang


Tras despertarnos a las 7:30 en el tren sin saber nada, salgo del camarote apurado en busca de alguna señal de donde estábamos y que había pasado. Peligraba nuestro día en Fenghuang.

Fenghuang
Habíamos leído que en el momento en el que cierran los camarotes te dan una tarjeta que luego se encargan de recoger en el lugar de destino, así si te dejas dormir ellos se encargan de despertarte. Pues bien, habíamos recibido la tarjeta pero nadie había pasado a recogerla así que no sabíamos bien que pasaba.
Entre la gente y por los signos que nos hacían, los únicos No-Chinos del tren, entendimos que el tren había parado por la lluvia y allí pasamos tres horas más completamente parados esperando a que el tren continuase su trayecto.
Sobre las 11:30 de la mañana, nuestras compañeras de camarote nos hacen señales de que hay que bajar del tren y les enseñamos en chino el nombre de Huihua, nuestro destino final. ( es muy importante llevar en chino los nombres de las ciudades y hoteles, en este caso nos salvó de un gran apuro.
Fuera del tren esperando a ver que pasa.
Bajamos todos del tren y salimos de la estación, sin saber dónde estábamos ni cómo llegar a nuestro siguiente destino. Una de las señoras muy amable nos intentaba ayudar, pero sólo hablaba chino. Mucha gente se agolpa a nuestro alrededor al ser los únicos no chinos en el lugar y una chica joven que tampoco hablaba inglés se acercó y  gracias al traductor del móvil nos ayudó. Los cuatro nos desplazamos en tren a la estación de guaguas de la ciudad de la cual al llegar a Tenerife y gracias al GPS del IPhone y de la foto que sacamos allí descubrimos que se llama Chongquing.
Al más puro estilo Pekín Express nos subimos con nuestras mochilas en dos taxis, yo con la chica joven y Raquel con la señora. A la señora de daba un poco de cosa ir en el coche con un occidental a solas.
Raquel subiendo a otro taxi diferente

Gracias a ellas pudimos llegar a la estación de guaguas y ellas mismas nos compraron los billetes a Fenghuang. En momentos así, donde algo no sale bien, siempre encuentras gente amable y simpática que te ayuda y éstos son de los mejores momentos que nos llevamos de nuestros viajes.
Nos despedimos de ellas ya que ellas viajaban a Huaihua y nosotros a Fenghuang y continuamos en guagua el trayecto hasta llegar a la Venecia de China.

Gente amable en China que nos ayudó
Mientras esperábamos sentados nuestra guagua vino un chico y nos preguntó en inglés si nos podía ayudar y que lo acompañaramos. Raquel pensó que era alguna estafa pero le seguimos y resulta que era el hijo del dueño de la estación. Nos llevó a una sala con aire acondicionado, nos dió agua y estuvo media hora hablando inglés con nosotros mientras su padre nos grababa con el móvil. No están acostumbrados a hablar inglés y al encontrarnos se alegró un montón.

Otra buena gente que nos ayudó en nuestro viaje.
Llegamos a las afueras de la ciudad y allí otra chica que viajaba en la guagua y hablaba un poco de inglés nos ayudó con el taxi y lo compartió con nosotros, incluso nos ofreció visitar alguna ciudad cercana con ella al día siguiente, pero desgraciadamente solamente teníamos planeado estar  un día allí.
Tras muchas vueltas y llamadas del taxi a otros compañeros conseguimos llegar a nuestro hotel, el Fenghuang Melody Inn.
Se acercaba ya la noche y estábamos muertos de hambre por lo que salimos a ver un poco de la ciudad por la noche y comer algo. A unos 10 minutos de nuestro hotel encontramos un bar con pizzas y allí paramos y nos sirvieron pizza con cebolla y unas bebidas verdes cuando habíamos pedido pizza sin cebolla y unas coca colas, cosas de no hablar chino.


Recorrimos a pie la ciudad, visitamos sus puestos callejeros, compramos algo de comida en un supermercado que encontramos y volvimos a dormir al hotel tras un día bastante ajetreado.





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